sábado, 22 de enero de 2011

El Castillo en el Cielo

Me resulta curioso que nunca haya hablado de ninguna de mis películas favoritas de Hayao Miyazaki, porque las valoro muchísimo, por diferentes motivos. La primera película que querría destacar es el Castillo en el Cielo, una película que recientemente me regalaron ya que tenia muchas ganas de tenerla hace tiempo.
Hay un post sacado de un blog que describe perfectamente el argumento y el significado especial de esta película y que me gustaría compartir en mi blog, así que hoy no seré yo la que lo comente.




Una vez más echamos una mirada a la producción de Studio Ghibli, en este caso nos remontamos al año 1986 fijándonos en su primer largometraje, pues aunque “Nausicaä del valle del viento” fue estrenada dos años antes de la mano del dúo Miyazaki/Takahata, El castillo en el cielo” fue la primera película bajo el sello Ghibli.

Algo que salta a la vista y que tiene mucha importancia es que desde los comienzos, Hayao Miyazaki tuvo una visión del mundo determinada, una mirada dulce y mágica que a lo largo de 24 años ha constituido un mundo fascinante. Sus películas establecen una compleja red de interrelaciones humanas y evoluciones personales que son pura representatividad de lo que experimentamos en nuestra vida.
Todo empieza con un abordaje en los cielos por lo que parece ser un colgante de gran valor, éste lo posee Sheeta, la joven protagonista, que en su huida termina cayendo al vacío; desde ahí aparecen unos títulos iniciales mitológicos muy elaborados, que nos muestran en un escaso minuto, lo que fue la historia de la civilización en su ansia por conquistar los cielos; la particular visión de Babel compuesta de dirigibles e islas flotantes. Una revolución industrial descomunal consiguió establecer una vida humana en el reino de las nubes, pero parece ser que los designios de los espíritus del aire no concebían tal aberración y destruyeron los islotes, relegando al hombre a vivir en tierra firme, devolviéndole a su medio natural.
El relato corto sirve como preludio para la película y a su vez tiene una connotación muy importante porque va introduciendo los elementos más importantes de la trama, pero pasan prácticamente desapercibidos en el primer visionado; uno de estos pilares narrativos es la codicia humana y el ansia de explotar el medio, lo que deriva en la revolución industrial. Desde este punto pasamos al segundo pilar, la magia y lo espiritual, que aparecen simbolizados en forma de piedras voladoras yacentes en la superficie terrestre. El tercero es la conquista de los cielos como batalla del hombre contra la naturaleza, una ofensa que tiene consecuencias catastróficas. El último es Sheeta, el nexo entre mundo antiguo y el actual y el personaje que junto a su colgante mágico, establece el transcurso del metraje.
El Castillo en el Cielo cuenta la historia de una pareja, Sheeta y Pazu, dos jóvenes que huyen de un mundo de adultos, que intenta romper la paz de una vida modesta por el hecho de poseer un bien único, el colgante mágico con el que poder llegar a la isla flotante de Laputa y ser poseedores de bienes y poderes inmensos. Este viaje está lleno de encuentros con variopintos personajes, con los que se irán aprendiendo distintas moralejas.
Para hablar de esa legendaria isla flotante que da título al largometraje, es la presentación en la propia película la que sirve como marco perfecto para definirla. Laputa fue el nombre que dio Jonathan Swift en su novela “Los viajes de Gulliver”, a un islote volador dirigible que estaba poblado por individuos cargados de inteligencia pero incapaces de practicarla. Como dato interesante, salta a la vista la analogía fonética de Laputa y lo que sería prostituta en castellano; esto es algo de lo que Swift parecía ser consciente, pero no Miyazaki; en la edición española del film, los diálogos fueron modificados para sustituir el nombre de la isla por Lapuntu y así evitar asociaciones indecorosas. Por otra parte en la actual reedición de la película se han respetado las nomenclaturas originales.
Al margen de esto, Laputa aparece en el film como un lugar idílico que tras siglos de abandono humano ha sido repoblado por la propia naturaleza, lo que hace del castillo flotante un jardín inmenso lleno de vida animal; La construcción demuestra una época de esplendor tecnológico hasta el punto de la creación de robots protectores. Esta isla se sustenta en el poder proporcionado por una gran piedra mágica con poderosas cualidades. Sheeta vuelve a Laputa pues como heredera del trono y poseedora del colgante ese es su destino. La joven asume una gran responsabilidad y se da cuenta de que no hace falta llegar a tener grandes posesiones para ser feliz, y que ante todo la violencia es un camino indeseable; esto se ve reflejado en que al final Sheeta libera la isla y evita que caiga en manos de los villanos.
La banda sonora surge de las partituras de Joe Hisaishi y esa simbiosis perfecta entre imagen y melodía da cuerpo a todos los momentos del film pues es el marco definitivo de una historia brillante.
En cierto modo El castillo en el cielo es la defensa del pacifismo y el respeto mutuo; además también se busca una mirada ecologista y no mecanizada de la vida. Otro punto interesante es la redención, la capacidad de cambiar y mejorar como persona, evolucionar para bien; y finalmente el amor como punto de fuerza capaz de derrotar a otras influencias poderosas.



Texto y imágenes sacadas de: puntocaotico

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